Por Seham Shahin, Victoria, Australia | Miércoles, 18 de julio de 2018

DESPEDIDA – Dicen que todas las cosas buenas llegan a su fin, sin embargo, queremos disentir. Las mejores cosas en la vida nos llevaron a nuevos comienzos. Once días es todo lo que necesitamos para cambiar nuestras vidas para siempre. Todos crecimos como palestinos perdidos en la diáspora. Buscando nuestra identidad mientras somos modelados por nuestras vidas en el exterior.

Nos sentábamos y escuchábamos historias de nuestros padres sobre nuestra patria. Pero aún buscamos las piezas faltantes del rompecabezas que forma nuestra identidad. Partimos hacia lo que sería el mejor viaje de nuestras vidas. Nos encontramos el uno al otro; Jóvenes palestinos de Canadá, Estados Unidos, Colombia, Nicaragua, Australia y Dinamarca y formaron amistades para toda la vida.

Nuestros corazones fueron capturados por los lugareños desde el primer momento en que llegamos, cuando toda la ciudad estuvo presente para darnos la bienvenida. Estábamos en casa. La Palestina que una vez conocimos a través de artículos parciales y los fragmentos editados de los medios ya no existían.

Nunca olvidaremos el olor del Jerusalén Ka’ak recién horneado, el Knafe en Nablus y el Falafel de Belén. Nunca olvidaremos al hombre que añora sus olivos, el muro de anexión que separa la tierra y la gente, el niño que vende jabón bajo el sofocante sol y los niños de los campos de refugiados que adoran el  saludo de los cinco dedos.

Nunca olvidaremos la riqueza de la cultura, desde mujeres que crean vestidos hechos a mano decorados con intrincados tatreez hasta jóvenes que bailan Dabke.

Nunca olvidaremos a los manifestantes pacíficos que están criminalizados, a los estudiantes que fueron encarcelados sin razón alguna y los libros a los que se les negó la entrada.

Nunca olvidaremos el clima que se calienta por la pasión de las personas. Retamos la afirmación de David Ben-Gurion (fundador de Israel) de que: «Debemos hacer todo lo posible para garantizar que [los palestinos] nunca regresen … Lo viejo morirá y los jóvenes lo olvidarán».

El pueblo palestino está desplazado en todo el mundo. Sin embargo, incluso las raíces de los olivos desplazados encuentran su camino a casa. Dejamos nuestros corazones en Palestina. Y el hogar es donde está el corazón.

Volveremos y nunca lo olvidaremos.